📜 Así era trabajar en el Archivo General de Indias hace 100 años
Hoy resulta difícil imaginarlo. Entrar en el Archivo General de Indias de Sevilla significa acceder a un edificio perfectamente acondicionado para la investigación, con salas climatizadas, instrumentos de descripción informatizados y un personal especializado que facilita la consulta de algunos de los documentos más importantes de la historia de España y América.
Sin embargo, hace poco más de un siglo, la experiencia era muy distinta.
En 1921, los historiadores estadounidenses Arthur S. Aiton y J. Lloyd Mecham, que investigaban en Sevilla, publicaron un extraordinario artículo en el que describían con todo detalle cómo era el día a día de un investigador en el Archivo General de Indias.
Su texto constituye hoy un valiosísimo testimonio sobre la vida cotidiana del archivo en los primeros años del siglo XX.
🌞 El verano sevillano hacía casi imposible investigar
Uno de los primeros consejos que ofrecían era sorprendente: no viajar a Sevilla antes del mes de septiembre.
Según explicaban, el calor del verano era tan intenso que trabajar durante horas consultando manuscritos resultaba prácticamente imposible. Recomendaban aprovechar el otoño, el invierno y la primavera para desarrollar las investigaciones.
Hoy el Archivo dispone de sistemas de climatización que permiten trabajar cómodamente durante todo el año, una diferencia enorme respecto a las condiciones que encontraron aquellos investigadores.
❄️ En invierno se investigaba con abrigo… y hasta con mantas
Si el verano era duro, el invierno tampoco era sencillo.
El edificio carecía de calefacción y la humedad penetraba en las salas de consulta. Los propios autores cuentan que era habitual investigar con el abrigo puesto e incluso utilizando mantas sobre las piernas mientras se leían los documentos.
Las salas cambiaban según la estación del año: durante el verano se utilizaban las dependencias inferiores y en invierno las superiores para intentar reducir la humedad.
Actualmente la temperatura y la humedad permanecen controladas tanto para garantizar la conservación de los documentos como el confort de investigadores y visitantes.
📚 Consultar un documento era todo un ritual
Nada de ordenadores ni bases de datos digitales.
El investigador debía consultar enormes inventarios manuscritos, localizar la signatura del legajo, rellenar una papeleta y entregarla al personal del Archivo.
Un ordenanza recorría entonces los depósitos hasta localizar el legajo solicitado y lo llevaba personalmente a la mesa del investigador.
📄 Solo podía mantenerse un legajo sobre la mesa al mismo tiempo: para recibir uno nuevo era obligatorio devolver el anterior.
Hoy gran parte de la localización documental puede prepararse previamente gracias a los catálogos informatizados y numerosos documentos cuentan incluso con reproducciones digitales.
✍️ Plumas, tinta y miles de fichas de papel
Cada investigador disponía de una mesa fija durante toda su estancia.
El Archivo proporcionaba plumas y tinta, aunque no papel, por lo que los historiadores recomendaban viajar con abundante material de escritura.
🗂️ Arthur S. Aiton y J. Lloyd Mecham aconsejaban además organizar toda la investigación mediante fichas de papel y pequeños marcadores de colores para señalar los documentos interesantes antes de comenzar a transcribirlos.
Hoy ordenadores portátiles, cámaras autorizadas y soportes digitales han sustituido gran parte de aquel complejo trabajo manual.
💰 Existía la costumbre de dar una pequeña propina
Aunque investigar era completamente gratuito y apenas existían trámites administrativos, los autores señalan una curiosa costumbre.
Era habitual entregar una pequeña propina a los ordenanzas encargados de transportar los legajos desde los depósitos hasta las mesas de consulta.
💡 Era una práctica social completamente normal en aquella época y formaba parte de la vida cotidiana del Archivo.
Naturalmente, esta costumbre desapareció hace ya muchos años.
🚬 Una norma que no siempre se cumplía
Entre las reglas figuraba la prohibición de fumar junto a los documentos.
Sin embargo, los propios investigadores reconocen con cierta ironía que aquella norma no siempre era respetada e incluso observaron a algunos empleados fumando cerca de manuscritos únicos.
⚠️ Hoy esta imagen resulta completamente impensable, ya que la conservación preventiva constituye una de las principales prioridades del Archivo.
🗂️ Un auténtico océano de documentos
Ya en 1921 el Archivo General de Indias era considerado el mayor centro documental del mundo para estudiar la historia de la América española.
📜 Los autores calculaban que reunía alrededor de 60 millones de documentos organizados en unos 45.000 legajos, distribuidos en doce grandes secciones documentales.
Sin embargo, localizar la información no era sencillo.
Muchos inventarios eran manuscritos, algunos tenían más de cien años, utilizaban criterios distintos de clasificación y, en ocasiones, resultaban difíciles de leer por el uso continuado.
Hoy la descripción archivística ha avanzado enormemente y la investigación resulta mucho más accesible gracias a la digitalización y a las herramientas de búsqueda.
🌎 Sevilla ya era la gran capital de la historia de América
A pesar de todas aquellas dificultades, Arthur S. Aiton y J. Lloyd Mecham concluían que ningún otro archivo del mundo reunía una colección comparable para estudiar la historia de los territorios españoles en América.
Por ello animaban a los investigadores norteamericanos a viajar hasta Sevilla y destacaban el esfuerzo realizado por España para convertir el Archivo General de Indias en un gran centro internacional de investigación histórica.
Más de un siglo después, esa vocación continúa plenamente vigente.
💡 Un viaje al pasado de la investigación histórica
Leer este artículo de 1921 permite comprender cuánto ha cambiado el trabajo de los historiadores.
❤️ Hoy seguimos emocionándonos al contemplar los mismos legajos que consultaban aquellos investigadores, pero el camino para llegar hasta ellos es mucho más cómodo, rápido y seguro.
El Archivo General de Indias continúa siendo uno de los grandes centros documentales del mundo, aunque la experiencia de investigación ya no exige soportar el calor del verano sevillano, el frío del invierno sin calefacción o interminables búsquedas entre inventarios manuscritos.
✨ Precisamente esa evolución convierte este artículo en un magnífico testimonio sobre la historia cotidiana de uno de los archivos más importantes del planeta.
📌 Fuente histórica
Arthur S. Aiton y J. Lloyd Mecham, The Archivo General de Indias, The Hispanic American Historical Review, Vol. 4, nº 3 (agosto de 1921), pp. 553-567.
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